Pintar como modo de estar: la superficie y sus posibilidades
Hay pinturas que representan algo: muestran objetos, figuras, relatos. En cambio, otras ofrecen una experiencia: en ellas, la superficie no es una ventana ni un plano neutro, sino un lugar donde se ensaya un modo de estar en el mundo.
La superficie ensaya una relación en la que importa la coexistencia de capas, la convivencia de gestos y la acumulación de materia. Pintar aquí sostiene un proceso de sedimentación, no una forma dominante.
La mirada se desplaza sin anclaje: vaga, retrocede, se aproxima. La pintura rehúye la lectura; exige ser habitada. Así, es un ejercicio de atención, una mirada demorada. La experiencia es táctil antes que narrativa, como mirar con los dedos.
Pintar así no afirma una forma; sostiene una relación con la superficie.
Un modo de estar.
S/T, 2026, acrílico sobre lienzo, 100 x 80 cm